Distintos estudios de neurociencia han puesto el foco en los mecanismos cerebrales que explican el efecto pegadizo del reguetón, un género que domina las listas de reproducción y las pistas de baile en Madrid durante el verano.
La combinación de patrones rítmicos repetitivos y bajos frecuentes activaría los circuitos de recompensa del cerebro de forma similar a otros estímulos placenteros, lo que contribuiría a explicar su capacidad de enganche.
Especialistas en psicología de la música señalan que este tipo de hallazgos no son exclusivos del género urbano, sino que se replican en otros estilos musicales con estructuras rítmicas comparables, aunque el reguetón se ha convertido en objeto habitual de estudio por su enorme popularidad actual.