La emblemática fuente de los galápagos en el parque de El Retiro

La emblemática fuente de los galápagos en el parque de El Retiro

En el corazón de los jardines de El Retiro se esconde uno de los monumentos más singulares y con mayor solera de la capital. La conocida popularmente como la fuente de los galápagos, ubicada en la glorieta de Nicaragua, nació para conmemorar el primer aniversario del nacimiento de la infanta Isabel, la futura reina Isabel II, un acontecimiento celebrado el 10 de octubre de 1832 en la ciudad.

Arte, técnica y simbolismo en bronce

El diseño de este singular conjunto corrió a cargo del arquitecto Francisco Javier de Mariátegui, mientras que la labor de escultura fue realizada por José Tomás, quien ocupaba el cargo de segundo escultor de cámara del rey. La creación de esta obra supuso un hito artístico y técnico muy relevante para la época, ya que sus figuras de niños, delfines, ranas y galápagos representaron las primeras piezas de bronce fundidas en Madrid.

La estructura se alza sobre un pilón circular de gran piedra de granito, adornado en su entorno por un parterre de flores. Desde el centro se eleva una columna con forma de palmera que remata en una gran caracola marina encargada de surtir el agua. En la base, cuatro niños montan sobre delfines entrelazados cuyas bocas arrojan agua hacia una cascada escalonada de vegetación. Algo más arriba, sendas ranas y galápagos vierten líquido sobre conchas de piedra, logrando una estampa de absoluta simetría.

Del bautce oficial al cariño popular

Aunque en sus orígenes fue bautizada formalmente como la Fuente de Isabel II, los habitantes de la villa adoptaron rápidamente otro apelativo más cercano y descriptivo motivado por los singulares animales que la adornaban. De este modo, la denominación de los galápagos caló hondo en el imaginario colectivo de los madrileños, perdurando hasta nuestros días.

Este rincón del parque ha sido testigo silencioso del devenir histórico de la capital, resistiendo incluso los estragos del conflicto bélico del siglo XX, cuando el recinto verde albergó trincheras. Hoy en día, esta escultura continúa aportando magia, naturaleza y memoria al pulmón verde de la ciudad.

Fuente: Madridiario

Imagen de Michelle-Maria en Pixabay

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