La capital se prepara para acoger una de las citas solidarias más esperadas del calendario otoñal. La Fundación Pequeño Deseo celebrará el próximo 26 de octubre su undécima subasta de grandes experiencias, un evento benéfico que tendrá como escenario el prestigioso hotel Rosewood Villa Magna de Madrid. La velada combinará la alta exclusividad con un marcado carácter solidario, destinado a sufragar los proyectos de la entidad.
Lotes exclusivos entre la aventura y el motor
Los asistentes a la cita madrileña podrán pujar por una selecta variedad de experiencias únicas que abarcan desde el turismo más exclusivo hasta las emociones fuertes del mundo del motor. Entre las propuestas más llamativas figuran un viaje a Laponia para contemplar las auroras boreales desde una cabaña, un recorrido aéreo en avioneta sobre Toledo y la oportunidad de seguir la Vuelta Ciclista a España combinando coche y helicóptero.
Los entusiastas de la velocidad también encontrarán su espacio gracias a un simulador profesional de Fórmula 1 de la marca SMI. Asimismo, el catálogo incluye escapadas internacionales a destinos como Roma, la Toscana o Baja California, además de una ruta en Sanlúcar de Barrameda que comprende estancias en villas singulares, visitas a bodegas y guías privados. La tauromaquia también tendrá representación mediante un abono completo para la Feria Taurina del Verano de El Puerto de Santa María.
Un evento con rostros conocidos
La dirección de la puja correrá a cargo de Beatriz Ordovás, procedente de Christie’s, mientras que el reconocido ilusionista Jorge Blass asumirá la presentación de la gala. La recaudación obtenida se destinará íntegramente a cumplir los sueños de menores con dolencias graves o crónicas, una labor que la organización desempeña desde el año 2000 y que ya supera los 8.000 deseos cumplidos.
Diversos estudios respaldados por instituciones académicas, como la Universidad Complutense y la Universidad Pontificia de Salamanca, avalan el impacto positivo que estas vivencias generan en el bienestar anímico de los niños y su entorno, perdurando su huella emocional incluso una década después.
Fuente: El Mundo