Memorias del viejo Madrid: los billares y la movida de los barrios

Memorias del viejo Madrid: los billares y la movida de los barrios

La zona norte de la capital, especialmente en entornos como Lacoma y Peñagrande, guardaba en las décadas de los setenta y ochenta una estampa urbana muy distinta a la actual. Aquel territorio, caracterizado por la transición entre casitas bajas, núcleos modestos y los primeros bloques de altura —como el conocido ‘rascacielos’ de la avenida Cardenal Herrera Oria—, encontraba su punto neurálgico en unos populares locales de ocio situados en la calle Cadalso de los Vidrios.

Entre futbolines, bandas y estética castiza

Aquellos billares que congregaban a la juventud del barrio se dividían entre mesas de juego, futbolines y máquinas recreativas. Los jóvenes de la época adoptaban una estética muy marcada, luciendo cabello largo, pantalones de campana ajustados, jerséis minipull y el característico paquete de tabaco en la manga de la camiseta. La rivalidad entre barrios era habitual, protagonizando desplazamientos hacia enclaves como la feria del Barrio del Pilar. Como resume un testimonio sobre aquellos años: «Era una época en que la juventud vivía así. Veníamos de clases sociales muy bajas. Se vivía así en los barrios».

La sombra de los vicios y el camino hacia la rehabilitación

El día a día de muchos de estos jóvenes transcurría entre chabolas, la búsqueda constante de sustancias y la frecuentación de locales nocturnos de referencia como la discoteca Carolina. El consumo pasó de las anfetaminas y los porros a la llegada de medicamentos inyectables y, posteriormente, a la irrupción de la heroína. Tal y como recuerda un vecino sobre aquellos potentes fármacos de la época: «Tomábamos una cosa que te volvía completamente loco».

La salida de aquel laberinto de adicciones comenzó para muchos a finales de los ochenta a través de iniciativas como el centro de rehabilitación El Patriarca, fundado por Lucien Engelmajer. Aquella singular comunidad autogestionada permitía a los internos subsistir mediante la construcción de sus propias viviendas y la venta de publicaciones como la revista Antitox, marcando el final de una etapa convulsa en los márgenes de la capital.

Fuente: El Mundo

Imagen de c1n3ma en Pixabay

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